Parroquia San Alberto Hurtado

Una historia nada de común.

A fines del año 2003, sin otra explicación que la acción de Espíritu Santo, un grupo de matrimonios católicos del sector de San Carlos de Apoquindo, comenzó a reunirse con la idea de impulsar la construcción de una parroquia en el sector.

La idea era crear una Parroquia con espíritu familiar y a la cual se sintieran identificados todos los católicos del sector, independientemente que participaran en diferentes movimientos de iglesia.

La primera iniciativa fue tomar contacto con el Vicario de la Zona Cordillera, en ese entonces el R.P. Roberto Espejo, quién acogió la idea y delineó los primeros pasos a seguir.

Aún se recuerda una frase del Vicario que ante nuestra premura por partir rápido nos decía: "Los tiempos de la Iglesia no son los tiempos de los laicos". El tiempo transcurrido le ha dado la razón al Padre Espejo.

A mediados del año 2004, se realizó una encuesta durante 4 fines de semana en un supermercado del área, donde se pudo constatar el enorme apoyo que suscitaba la construcción de una Parroquia entre los vecinos. Muchos preguntaban cuándo iba a estar lista, dónde estaría ubicada, en qué podían ayudar, entre otras inquietudes.

La información registrada fue de gran utilidad ya que permitió ayudó conformar la primera base de datos de esta futura Parroquia.

Para realizarla, hubo que desarrollar una serie de elementos distintivos y comunicacionales como petos, lienzos, entre otros con la idea que desde ese momento los vecinos apoyote San Carlos de Apoquindo ya fuesen identificando el proyecto.

Asimismo y con la idea de apoyar la difusión de la futura parroquia, se tomó contacto con algunos medios de comunicación como El Mercurio, La Segunda y Radio Chilena, los cuales muy entusiastas difundieron la iniciativa.

Paralelamente, se averiguaron y compraron los datos demográficos al INE y se efectuo una proyección de crecimiento en el sector, para estimar la cantidad de fieles que podría reunir la Parroquia en el corto, mediano y largo plazo.

Estos antecedentes fueros hechos llegar al Arzobispado, a través del Vicario, el que con fecha 24 de octubre del 2005, dio visto su bueno mediante carta del Cardenal Francisco Javier Errázuriz, bautizando además la futura Parroquia como San Alberto Hurtado.

El Cardenal Errázuriz designa al Pbro. Julio Dutilh, párroco de Santa María de Las Condes, como encargado por parte de la Iglesia, de llevar adelante el proyecto, y de esta manera se constituye la Unidad Parroquial San Alberto Hurtado, dependiente de Santa María de Las Condes, hasta que la construcción del templo se encuentre finalizada.

El Padre Julio se integro muy entusistamente al equipo de trabajo y una de las primeras tareas encomendadas consistió en encontrar un lugar apropiado para celebrar misas dominicales en el sector y comenzar a constituir la Comunidad Parroquial. Se celebra la primera Misa de la Unidad Parroquial San Alberto Hurtado el día 4 de Junio de 2006 en el Colegio Francisco de Asís, que pone generosamente al servicio de la comunidad sus instalaciones para dar inicio a los servicios religiosos.

Desde las primeras reuniones, existió la inquietud sobre el terreno donde podría construirse el Templo. Las primeras gestiones fueron favorables gracias a la generosa contribución de Monseñor Sergio Valech, pero luego se exploran otras alternativas más adecuadas en cuanto a su demografía y facilidades de acceso.

La futura parroquia estará finalmente en los terrenos de los Monjes Benedictinos quienes generosamente han donado un amplio terreno el cual cuenta con todas las condiciones para la construcción de un templo.

Junto con la aprobación de la nueva Parroquia, el Arzobispado pone en contacto al representante de la Comunidad Católica Libanesa, con los miembros del equipo gestor quienes se comprometen con un aporte para nuestra Parroquia

Después de la primera misa, se ha ido consolidando el apoyo de un importante número de laicos que están trabajando activamente en los diferentes aspectos que involucra la gran tarea de contribuir un templo diocesano, que acoja a todos los católicos de nuestra comunidad.